top of page

Cuando el miedo emerge.

¿Y si dejo de ignorarlo y confío en lo que me trae?



La gran mayor parte del tiempo, tememos lo que el miedo genera; esa sensación de soledad, pérdida, vacío o incluso ese desborde interno que pareciera que nos va a romper. Quizá por eso nos cueste ir hacia el miedo, porque genera una incomodidad a la que no estamos acostumbrados a sostener. Es cómodo seguir distrayéndonos, y contarnos la sensación de que todo esta bien. Quizá creemos que contándonos esa idea, en algún momento terminemos creyéndonosla. Y mientras tanto, nuestro cuerpo va en otra dirección.


Una dirección que no tiene seguridad, comodidad o certeza, por lo menos al principio, de que por ahí sea seguro transitar.


Así que, la mayoría de los seres humanos, hemos optado por lo que nos enseñaron, taparlo, volvernos expertos en camuflarlo de tal manera que nos hemos convertido en expertos del camuflaje incluso con nosotros mismos. Hemos creído que ha sido más fácil copiar lo que veíamos sobre el miedo pues si compartías algo más profundo, podías percibir que no era valorado, apreciado o honrado en los vínculos. Pues refleja el miedo que tenemos a mirar el mismo miedo.


Hoy, pese a que sigo investigando(me), puedo ver que ha sido una muestra de información acerca de cómo la mente ha podido adueñarse del significado de lo que el miedo ha querido mostrarnos. Al ver que el otro no se ha permitido experimentarlo como un espejo nítido me reflejaba de que yo tampoco. Quizá una buena excusa para seguir ignorándolo, ¿no?


Los vínculos nos reflejan lo que sí vemos y lo que no vemos, de mi depende hacerme cargo cuando veo algo, de nadie más. Pero las relaciones de cualquier tipo, no fomentan la seguridad de poder abrirme a mirar, pues si miro te muestro que tu no miras (como reflejo). Y el vínculo tambalea.


Si puedo ver esto, aunque sea por unos instantes, puede que experimente la necesidad de quedarme en una especie de “parálisis adaptable” pues la sensación de temor que emerge, al ver que veo por lo menos al principio (pues veo pero no entiendo y no conozco eso que he visto), es mucho mayor que la sensación de seguridad que me ofrece la pertenencia, pues ya lo que conozco aunque ya no me sirva, ya no me sea útil o me aleje de aquello que ha sido visto.


Cuando nos quedamos en la superficie se puede mostrar una cierta seguridad con un matiz de aparente valentía incluso, pero si soy honesto y me quedo dentro de mi cuerpo, contemplando que hay, debajo de esa apariencia; puedo ver que habita dentro de mi una cierta incomodidad. Quizá por quedarme a mirar lo que no me he atrevido a mirar (aunque haya podido intuir en ciertos momentos de que había algo más allá que se escapaba de mi comprensión). Si me quedo un poco más y me abro con toda esa incomodidad que esta emergiendo, puedo darme cuenta que lo que me ha dado tanto miedo a mirar el miedo, no sea la sensación del miedo de fondo, sino reconocer que todo aquello en lo que me he agarrado era porque me resultaba familiar, pero no ha dejado de ser, perspectivas mentales o dicho de otro modo, decisiones (inconscientes) para evitar mirar el miedo de frente.


Cuando miramos el miedo de frente en profundidad, la sensación incómoda no desaparece, pero ya no hay ideas de cómo es o no es. Cuando esto sucede, dentro de la incomodidad emerge una sensación nueva que posiblemente no hubieras imaginado experimentar al quedarte ahí: Paz.


No surge de inmediato, ni hay ese es objetivo a perseguir, de hecho no hay objetivo. Emerge por si sola, como si al mirarte, brotara por si misma. Es como si al entrar en tu propia oscuridad pudieras darte cuenta que ahí donde antes no podías ni contemplar la posibilidad de quedarte, el universo te regalara la sensación de que ahí es.


No desaparece el caos, no desaparece las perspectivas o ideas de cómo debería ser o no debería ser; intentando tu mente protegerte de todo ese movimiento corporal que pide ser visto, por lo menos al principio. Pero a cuanto más te vas quedando en el fondo, puedes experimentar una cierta claridad de que no se basa en comprender la superficie, las ideas o en intentar entender por qué evitamos experimentar ciertas sensaciones. No se basa en comprenderlo, se basa en permitirnos atravesarlo desde dentro, experimentádolo. Pues la comprensión de todo aquello que buscamos constantemente, y que nos mantiene en la superficie, aparece cuando suelto lo que creía conocer, lo que creía saber, de la vida, de las circunstancias, de mis padres, incluso de mí mismo, y me entrego a lo que la existencia me esta guiando: Ir a lo profundo.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page